Carolina miró a Sebastián.
Esperaba que él corrigiera cómo se dirigían a Valeria.
Pero no lo hizo.
No solo no lo hizo, sino que no dejaba de mirar a Valeria.
Su mirada ya no era fría, sino llena de admiración y una sonrisa leve.
Valeria ya no sonreía constantemente como antes. Aparte de cuando miraba a los niños, su expresión era fría y distante.
Su aura de elegancia distante hizo que hasta Patricio dudara en hablar.
Pero Valeria les concedió algo de cortesía, esbozando una sonrisa.
—¿Cuándo ll