Patricio asintió lentamente.
—Sí.
El movimiento de Valeria al limpiar las manos de su hija se detuvo un instante.
¿Qué pretendían?
¿Reconciliarla con Sebastián?
¿Era posible?
Mientras, la mano de Carolina, que sostenía la copa, se quedó suspendida.
Avergonzada, se vio obligada a bajarla.
¿Qué decía Ricardo?
¿Qué intentaban?
¿Acaso no la veían allí?
Carolina volvió la cabeza hacia Sebastián.
Su mirada estaba fija en el rostro de Valeria, inmutable.
Él tampoco entendía qué le pasaba, solo sabía q