El rostro de Carolina palideció, sintiendo tensión.
¿Ellas...?
—¿Qué Corriente Dorada? —fingió ignorancia.
Josefa ya había visto suficiente de su descaro.
—¿Lo olvidó? No importa. El dueño de Corriente Dorada llegará a la Capital en unos días. La invito.
¿Mateo iba a venir a la Capital?
Carolina mantuvo la compostura.
—Los negocios son cosa de hombres. No debo entrometerme.
—¿No? —Josefa no le dio tregua—. Pero el asistente de mi hermano mencionó que, en una cena en Valparaíso, usted y el Seño