Carmen dio un paso al frente, su expresión amable y serena.
—Así que usted es la amada del nuevo magnate de Valparaíso. Mi hijo siempre comenta lo enamorados que están y que tienen unos mellizos. Qué bendición.
Carolina no esperaba que la Señora Herrera le dirigiera la palabra, y con ese tono.
No lo entendía.
¿No debería la Señora Herrera odiarla?
Carolina siguió la corriente.
—Qué va, las cosas fluyeron naturalmente. Conocerse, enamorarse, casarse y tener hijos.
Como prometida de un nuevo ric