Pero los hechos demostraban que había sobrestimado a Valeria.
El día que lo echaron, todas sus suposiciones se vinieron abajo.
Un hombre tan astuto como Carlos jamás lo habría dejado esperando con los niños al frío de la noche. ¡Eso era de mala educación!
A menos que a Carlos Herrera no le importara un bledo lo que le pasara a Valeria.
—Ella quiere que crea que, al dejarla, perdí un tesoro —Sebastián soltó una risa cínica—. Pero se equivoca.
Tras negarse a firmar, había visto la luz.
Valeria no