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Sus besos me llenan por completo.
Sus dientes muerden con ligereza la piel de mi cuello, meto las manos por debajo de su americana. Izan quita la prenda de su tronco con desespero, para volver a pegar sus labios sobre los míos.
Quito su correa, logrando que el italiano baje su pantalón hasta sus pies, me acomoda un poco para hacer que mi braga se vaya hacia un lado. Me aferro a su espalda.
Me echo para atrás con la primera estocada, el rubio se aferra a mis caderas como si fuese la fuente de