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—¡Que si voy a ir Miguel! ¿Aún piensas que puedes mandarme? —iré por unos estúpidos zapatos ¡Zapatos! ¿Por qué debo mandar a alguien a hacer algo que puedo hacer yo! Estoy ofuscada. Molesta. Y furiosa.
—Déjala ser Miguel.—eso es mamá, coloca a papá en su sitio.
Tomo mi bolsa y las llaves de mi coche, Pedro intenta alcanzarme, pero acelero perdiéndolos en el camino. Las empleadas de la mansión Smirnov han estado toda la mañana preparando la comida para la celebración de hoy.
Entro a una de mi