Lo que sentimos (1era. Parte)
Unos días después
New York
Karina
La noche se me hizo eterna. El silencio del dormitorio sin Lance era tan grande que hasta el tic-tac del reloj parecía burlarse de mí. Me giré una y otra vez entre las sábanas, buscando ese calor suyo que siempre me envuelve, pero solo encontré un vacío helado. Terminé rindiéndome y vine al departamento de mis padres; aquí, al menos, las voces familiares y el movimiento de la casa me distraen un poco.
Aun así, su ausencia pesa. Camino hasta mi oficina con una ta