La luz tenue de los monitores de computadora iluminaba el rostro de Rebecca, una máscara de fría anticipación.
Sus dedos se movían con agilidad sobre el teclado, la adrenalina corriendo por sus venas. Junto a ella, Ellis observaba en silencio, sus ojos verdes fijos en la cuenta regresiva que brillaba en la pantalla principal del búnker. Habían trabajado sin descanso durante semanas, tejiendo la red perfecta, una telaraña digital diseñada para atrapar a Nathaniel Vance en su propia hipocresía.
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