El aire se congeló en el momento en que Anastasia estampó sus labios contra los de Vance. El mundo, la nieve, el jodido frío, todo se fue a la mierda. Solo existían ellos dos, el sabor del deseo que había sido la chispa que encendió el fuego. Vance, con la sangre hirviendo en sus venas y el jodido corazón latiéndole a mil por hora, la agarró de la nuca y la acercó a su boca para susurrar las palabras que habían estado guardadas en su garganta por tanto tiempo, aquellas que podían cambiarlo todo