El estudio de ALMONTE S.L. en Gràcia se había convertido en un campo de batalla legal en menos de una hora. Dos hombres con trajes grises y expresiones de cemento, escoltados por un procurador judicial, revisaban los inventarios de telas y las carpetas de patrones bajo la mirada gélida de Elena. Matteo estaba de pie junto a la mesa de corte, cruzado de brazos, su sola presencia impidiendo que los funcionarios se acercaran a los bocetos originales de la nueva colección.
Cuando Isidora entró, el