Madrid recibió a Isidora y Matteo con un cielo de un azul eléctrico y un viento frío que bajaba de la sierra, barriendo las hojas secas de las calles de Hortaleza. Para Isidora, volver a este barrio era como caminar por el interior de un sueño olvidado. Cada esquina, cada tienda de barrio, le recordaba a la niña que corría con retales de tela en las manos mientras su padre soñaba con estructuras imposibles.
Matteo conducía en silencio, respetando el espacio de Isidora. Habían pasado la noche an