El restaurante olía a limón y tomillo.
Isidora llegó primero. Pidió la mesa del fondo, la que daba a la pared y no a la calle. La que Diego siempre elegía cuando quería hablar sin que nadie los viera hablar.
Ordenó agua. Esperó.
Diego llegó a las 6:12 PM con el abrigo puesto y una maleta pequeña de cabina que dejó junto a su silla. Esa maleta lo hacía real de una manera que el mensaje de texto no había logrado.
Se sentó. La miró.
—Hola.
—Hola.
El camarero se acercó. Diego pidió vino sin consult