El despacho de Matteo estaba al fondo del pasillo.
Isidora lo sabía porque lo había memorizado el primer día. Las salidas. Los recorridos. Qué puertas llevaban a dónde. Hábito viejo, de cuando vivir con los Franzani significaba saber siempre dónde estaba él para poder estar en otro lugar.
Ahora caminaba directamente hacia su puerta.
Tocó dos veces. Firme.
—Adelante.
Entró.
El despacho era exactamente lo que esperaba de Matteo. Grande sin ser ostentoso. Escritorio de madera oscura con líneas lim