El departamento de diseño a las siete de la tarde tenía el silencio de los espacios que han vaciado su ruido ordinario y que todavía no han decidido qué quieren ser en el resto del día.
Elena había salido a las seis y media. Marcos también. El equipo de producción había terminado a las seis. Las luces del pasillo principal apagadas. Solo la del despacho interior encendida, con su círculo de claridad que hacía que lo que estaba dentro pareciera más real y más cercano que todo lo que quedaba afue