La página dieciséis del contrato matrimonial.
Isidora la había leído en el despacho de Matteo con la carpeta sobre el escritorio y la luz de las cinco de la tarde entrando oblicua por el ventanal. La había leído una vez. La había releído. Y en la segunda lectura, cuando el lenguaje técnico dejó de ser obstáculo y lo que quedó fue el contenido real, algo en el pecho se hizo más pequeño de lo que había sido antes de entrar a ese despacho.
No era la primera vez que un documento le cambiaba algo.
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