Julieta Franzani no estaba en su domicilio desde las once de la noche anterior.
El agente judicial que fue a verificar el cumplimiento de la presentación diaria a las nueve de la mañana encontró el piso cerrado desde adentro con la llave echada, que era el truco de manual de quien quiere que el primer aviso llegue tarde. La llave de repuesto que tenía el portero tardó veinte minutos en aparecer. El piso estaba vacío desde hacía horas.
El pasaporte oficial había sido entregado en sede judicial,