El tren de alta velocidad redujo su marcha al entrar en la estación de Atocha.
Isidora miró por la ventanilla. Madrid siempre tenía ese tono ocre en otoño, una luz seca que perfilaba los bordes de los edificios con una nitidez que Barcelona, con su humedad marítima, nunca lograba replicar. Era la primera vez en casi un año que regresaba a su ciudad natal sin un archivo legal bajo el brazo, sin una estrategia de defensa, sin tener que mirar por encima del hombro.
Era viernes por la tarde. El pri