El clic de la puerta principal al cerrarse detrás de James sonó como una bóveda sellándose.
Isidora permaneció de pie en el centro de la suite. Las manos vacías. El portafolio ya no estaba. La mesa de ébano había sido limpiada con una precisión casi ofensiva. El territorio, barrido.
No tuvo tiempo de procesarlo.
La puerta doble que conectaba con la habitación de Matteo se abrió despacio. Sin violencia. Sin prisa. Con la deliberación exacta de quien ya no necesita irrumpir porque la presa está do