Matteo estaba en el despacho a las siete y veinticinco.
Isidora lo vio cuando salió del ascensor: la luz encendida al fondo del corredor del séptimo piso, la silueta de él de pie junto a los ventanales. Sin chaqueta todavía. El café en la mano.
Lo mismo que ella había visto en él desde el primer día en este edificio.
Pero diferente ahora.
La diferencia estaba en la postura: los hombros menos armados. El cuerpo de alguien que está esperando una conversación que sabe que va a costarle.
Isidora en