38. El Primer Trazo
Isidora despertó al día siguiente con una sensación que no había experimentado en meses: propósito.
Se vistió con rapidez, eligiendo ropa cómoda que le permitiera moverse libremente. Jeans, una blusa blanca sencilla, el cabello recogido en una coleta baja. Nada de lo que Clara o Julieta aprobarían, pero eso ya no importaba.
Bajó las escaleras y se encontró con Caterina en el comedor.
—Buenos días, señorita Almonte. ¿Desayuno?
—Solo café, por favor. Y Caterina, necesito preguntarte algo.
—Dígame.