32. El Juicio del Patriarca
La oficina de Luca Franzani olía a cuero y tabaco. Matteo cerró la puerta tras de sí y esperó, de pie, mientras su padre permanecía inmóvil junto a la ventana.
El silencio se extendió durante varios segundos. Cuando Luca finalmente habló, su voz era más fría que el hielo.
—Dime que lo que Caterina me contó no es verdad.
Matteo no respondió.
Luca se giró lentamente. Su rostro era una máscara de furia contenida.
—Dime que no forzaste a esa niña. Dime que no le pusiste las manos encima cuando ella