—Le dije que no fuera, le advertí que era momento de retirarse, pero ¿qué hizo? Ignorarme, como siempre lo hace cuando se trata de Dante. ¡Esa maldita fidelidad suya a ese demonio! —espetó Mikaela, con el rostro enrojecido por la furia, mientras caminaba de un lado a otro de la habitación.
—Mikaela... solo estás molesta. No permitas que el enojo te haga decir cosas que luego lamentes —intervino Lillie con voz serena, aunque por dentro luchaba contra la misma angustia que su amiga. Mantenía la c