—Creo que ya no podré seguirlas por todas esas tiendas que faltan —admite Asha mientras se deja caer en un banco cercano y con una expresión de agotamiento. Me acerco rápidamente y la ayudo a sentarse mejor, rezando en silencio para que sugiera que nos vayamos.
—Pensé que sería más fácil encontrarte tu atuendo. Eres muy exigente, Antonella —comenta con un tono de regaño, aunque se ríe al final. —Y luego, tus tallas son tan pequeñas… ni yo media eso antes del embarazo. Ahora soy dos tallas más g