Dos malditas horas en esta estúpida tienda. Definitivamente, fue una pésima idea acompañar a mi madre. Lleva más de una hora haciéndome probar cada vestido que elige para mí. Ya perdí la cuenta de cuántas veces he entrado a ese maldito probador.
—Madre, ya me quiero ir —suelto un quejido, tirada en el sofá.
—Ya acabamos, este es el último. Bueno, ahora solo falta que te decidas por uno. Yo digo que el verde esmeralda, ¿qué te parece?
Frunzo la nariz.
—¿Por qué tengo que elegir? Agarra el que se