Capítulo — El mate, el beso y la trampa
La mañana en Punta del Este tenía ese aire de humedad pegajosa que siempre precede a la lluvia. Las nubes bajas parecían aplastar las calles y las grúas sobre la obra se mecían con la brisa pesada del océano. La estructura del Cinco Estrellas respiraba movimiento, pero a la vez, cierto desorden. Los obreros entraban sin apuro, los andamios ya tenían las primeras marcas de la sal del mar, y en medio de ese panorama apareció Anahir, caminando con la determ