La fiesta en la playa se fue apagando poco a poco. Las antorchas comenzaron a extinguirse y la música de la samba se mezcló con el rumor constante del mar. Las familias regresaron a sus hoteles y casas alquiladas, despidiéndose con abrazos y promesas de seguir celebrando. Pero Bruno y Sol no fueron con ellos.
Esa noche estaba reservada solo para los dos.
Habían elegido un pequeño hotel boutique frente a la playa, íntimo y acogedor, con habitaciones decoradas en tonos claros y un balcón que da