Capítulo — Una Promesa Eterna Frente al Mar
El cielo de Río de Janeiro se tiñó de tonos anaranjados y violetas mientras el mar rugía suave, como si también quisiera ser testigo de aquel momento sagrado. En la arena, un arco adornado con flores tropicales y telas claras servía de altar. Al frente, esperaba un párroco brasileño, vestido con sus ornamentos blancos y dorados, sonriendo con la calidez de quien entiende que el amor verdadero es un sacramento divino.
Las familias estaban sentadas e