Capítulo – Alma y Brisa
La habitación del sanatorio olía a vida nueva. A ese perfume que no se puede embotellar ni repetir, que mezcla talco, lágrimas de felicidad, leche tibia y esperanza. Afuera lloviznaba despacio, como si el mundo también susurrara al oído que había nacido algo sagrado.
Anahir tenía los párpados pesados, pero la sonrisa abierta. Reposaba recostada sobre las almohadas, con el cabello suelto y húmedo aún por el esfuerzo. En su pecho dormía una de las niñas, con su diminuta ma