Benedict
El silencio que siguió al caos fue tan absoluto que mis oídos zumbaban. Savannah finalmente se había rendido. Su cuerpo, que minutos antes vibraba con una intensidad violenta y salvaje bajo nosotros, ahora era solo un peso inerte en mis brazos. Se había desmayado, colapsada por el agotamiento, su mente buscando refugio en la oscuridad tras haber sido empujada al límite de su capacidad física y emocional. La cargué con cuidado, sintiendo la tibieza de su piel contra mi pecho desnudo,