Savannah
La claridad de la mañana se filtraba por las rendijas de las cortinas, pintando rayas de luz sobre las sábanas de seda negra que cubrían la cama de Benedict. Mis ojos se abrieron lentamente, aún sintiendo el peso de un cansancio que, extrañamente, se sentía como una marca de propiedad en mis huesos. Pero antes de que pudiera procesar dónde estaba o qué había ocurrido la noche anterior, un impacto silencioso me paralizó: Benedict me estaba mirando.
No era una mirada furtiva, ni el e