Benedict
La puerta se cerró tras nosotros con un chasquido que sonó como un veredicto definitivo. Savannah estaba sentada en la cama, en la misma postura que ayer, con la cabeza gacha, ocultando sus ojos tras una cortina de cabello. La imagen de su fragilidad, lejos de calmarme, alimentó el fuego que llevaba ardiendo en mi pecho desde que Kaelen me soltó la noticia. Kaelen, por su parte, ni siquiera intentó acercarse; se dejó caer en el sofá con una tranquilidad insultante, cruzando las piern