Savannah
El silencio de la casa es absoluto, un vacío pesado que presiona mis oídos al despertar. La oscuridad me envuelve, apenas rota por el resplandor azulado del despertador sobre la mesa de noche. Diez de la noche. He dormido toda la tarde, sepultada bajo un cansancio que no era solo físico, sino una derrota emocional absoluta. Al intentar moverme, un gemido se me escapa involuntariamente; cada músculo, cada fibra de mi ser, parece estar protestando por el trato de hace unas horas.
El