Savannah
El silencio en la habitación es lo primero que noto al despertar. La cama de Benedict está vacía, la sábana a mi lado, fría, como si su ausencia fuera un recordatorio de que mi vida ahora oscila entre el dolor y una servidumbre que, por momentos, me hace olvidar quién era yo antes de cruzarme con ellos. Me siento con cautela; mi cuerpo es un mapa de dolores punzantes, especialmente en la zona baja de la espalda y las nalgas, donde los azotes aún se manifiestan como una presión constan