Benedict Cavendish
El silencio de la habitación, una vez que Savannah finalmente ha caído en un sueño inducido por el agotamiento absoluto, debería ser un alivio. Debería ser el momento en que mi pulso, todavía acelerado por la adrenalina del castigo, descendiera a niveles humanos. Pero no es así. El silencio aquí dentro es denso, cargado con el rastro de nuestra posesión, y cada respiración entrecortada de ella, cada pequeño espasmo de sus músculos todavía resentidos, es un eco de la furia q