Savannah Montgomery
Él abrió la puerta y, al entrar, supe de inmediato que era un santuario diseñado para el control. Era una estancia inmensa, con muebles de líneas rectas y sobrias, y un balcón que ofrecía una vista nocturna de la propiedad, ahora sellada al mundo exterior por su orden. Benedict cerró la puerta con llave, y el sonido del cerrojo, metálico y definitivo, rebotó en las paredes. Ya no había vuelta atrás; estábamos solos en su reino.
Benedict se dejó caer sobre la cama, acomo