El infierno desatado
El disparo de Dante impactó de lleno en la válvula del tanque de gas. Un siseo ensordecedor llenó el lugar, seguido de una llamarada naranja que iluminó el rostro desencajado de Enzo. La estructura metálica vibró, quejándose bajo el calor repentino.
—¡Suéltala, Enzo! —rugió Luciano, lanzándose hacia adelante mientras el humo negro empezaba a asfixiarlos—. ¡El lugar va a estallar… ella solo es una niña!
Enzo, preso del pánico y viendo que Dante estaba dispuesto a matarlos a