La cocina estaba iluminada por una luz tenue, de un amarillo cálido que contrastaba con la oscuridad que ya se adueñaba del exterior. James se quitó la chaqueta lentamente, con un gesto mecánico, y la dejó caer sobre el taburete junto a la barra. Sus hombros cargaban un peso invisible, ese tipo de tensión que no se nota a primera vista pero que se siente en el aire, como una vibración silenciosa.
Sean, en cambio, caminó con paso seguro hacia el mini bar, como si necesitar beber algo fuera la ún