El aire dentro de la mansión se volvió aún más espeso, cargado de pólvora y sangre. Los muros, antaño testigos mudos de banquetes y celebraciones familiares, ahora temblaban bajo el estruendo de los disparos que resonaban afuera. La luz de las lámparas parpadeaba intermitente, como si incluso la electricidad se negara a sostener el peso de la tragedia que estaba ocurriendo dentro de aquellas paredes.
Riso apretó los puños con fuerza, los nudillos blancos, la mandíbula rígida. Sus ojos, encendid