53. La Caída de los Dioses del Norte
A pocos metros, Nikos aprovechó la confusión del Diwán. Con movimientos milimétricos, el griego deslizó sus dedos encadenados hacia el cinturón del guardia de Sharqat que lo custodiaba, aprovechando que el hombre tenía la mirada fija en el drama de Zahra. Nikos rozó la llave de los grilletes, sus ojos verdes brillando con esa ironía asesina que lo caracterizaba. Miró de reojo a Matteo, quien yacía en el suelo reteniendo el dolor de su costado herido, insuflándole con la mirada una última dosis