32. La Intervención del Desierto
En cuanto el cañón del arma del atacante asomó por el umbral, Nikos actuó.
Con un movimiento rápido como el ataque de un áspid, atrapó la muñeca del hombre, desviando la trayectoria del arma hacia el techo mientras le propinaba un rodillazo brutal en el estómago. El intruso ahogó un grito, pero antes de que pudiera recuperarse, Nikos lo estrelló de espaldas contra la pared de la habitación, colocándole el cañón de su propia pistola directamente bajo la barbilla.
—Un solo sonido —susurró Nik