18. La Estabilidad Frágil
El rugido del motor del todoterreno se extinguió, dejando tras de sí un silencio tan vasto que resultaba doloroso para los oídos acostumbrados al estruendo de las explosiones y los gritos. Frente a ellos, recortado contra la luz plateada de una luna que parecía observar con indiferencia el fin de un imperio, se alzaba el refugio, una construcción de piedra rojiza y adobe, mimetizada con las formaciones rocosas de las montañas de Hajar.
No era un palacio. No había mármol, ni fuentes de agua c