16. El Despertar en el Mar
Mientras el palacio ardía, un vehículo negro se deslizaba a toda velocidad por las carreteras secundarias hacia el puerto privado de Jebel Ali. En el interior, el silencio era solo interrumpido por la respiración errática de Matteo.
Nikos conducía con una mano, mientras con la otra presionaba un vendaje improvisado sobre el costado del italiano. El odio que sentía por él seguía allí, pero la necesidad de sacarlo vivo era una cuestión de honor... y de estrategia.
—No te mueras todavía, De Lu