10. Entre el Rey y la Sombra
Elena ocultó rápidamente la nota en su bolsillo y trató de controlar su respiración. La puerta se abrió de par en par y la figura imponente de Amir Al-Hadid recortó el umbral. Ya no vestía la túnica blanca tradicional; llevaba un traje negro de corte impecable que lo hacía ver más como un ejecutor que como un rey.
—Aún estás despierta —dijo Amir, su voz resonando con una vibración profunda que llenó la habitación.
Elena no retrocedió. Se mantuvo firme junto a la mesa de ébano, ocultando con