La mañana llegó a la empresa envuelta en esa rutina elegante que siempre parecía imponer el edificio corporativo. El vidrio reflejaba el sol temprano y la recepción estaba más activa de lo habitual. Miriam entró junto a Damián, con una carpeta bajo el brazo y la mente todavía atrapada en la conversación de la noche anterior.
Tenía que hacerse cargo de la gerencia esa mañana porque Amelia tenía el control médico de su bebé. Eso significaba reuniones, firmas, decisiones. Normalmente eso la distra