Miriam quedó con los ojos abiertos al verlos a los dos casi al mismo tiempo.
Joshua apoyado en el marco de la puerta, impecable, tranquilo, dueño de una elegancia natural.
Y detrás, avanzando con paso lento pero seguro, Miguel.
La oficina de pronto se sintió demasiado pequeña.
—Joshua… tan temprano. Qué sorpresa —logró decir Miriam, intentando mantener la compostura.
Joshua sonrió apenas.
—Hola. Pasé a saludarte.
Su voz era suave, pero había algo más firme en su postura, como si estuviera marca