La música envolvía el salón con un ritmo elegante, pero entre ellos el aire se había vuelto denso.
Miguel no soltaba la mirada de Miriam.
Su mano firme en su cintura, la de ella apoyada en su hombro, demasiado cerca, demasiado consciente.
Podía sentir su respiración. El calor de su cuerpo atravesando la tela del vestido. El ligero temblor que ella intentaba controlar.
—Miriam… ¿estás enojada conmigo? —preguntó él en voz baja, inclinándose apenas para que solo ella lo escuchara—. ¿Por qué ya no