Miriam caminaba por el pasillo junto a Miguel, intentando mantener la compostura.
No era fácil.
Todas las mujeres de la empresa se giraban para mirarlo. Algunas fingían revisar documentos, otras simplemente se quedaban observando sin disimulo. Miguel era alto, de porte seguro, cabellos castaños perfectamente peinados y ojos verdes y un rostro que parecía sacado de una escultura clásica. Tenía ese aire de dios del Olimpo que sabía que poseía… y lo usaba con naturalidad.
Caminaba con seguridad, r