CAPÍTULO 64 — Paseo bajo la luna.
La noche cayó sobre la isla con una calma casi mágica.
No era solo oscuridad. Era un manto tibio, protector, como si el mundo entero hubiese decidido guardar silencio para no interrumpir aquel instante. La luna llena se alzaba majestuosa sobre el horizonte, bañando el mar con un resplandor plateado que parecía irreal. El agua no era agua; era un espejo líquido que respiraba al ritmo del viento.
Erick y Amelia caminaban por la orilla de la playa, descalzos, dejando huellas que las olas borraban