CAPÍTULO 61 — Noche de bodas.
La música del vals seguía flotando suavemente en la suite.
El fuego de la chimenea crepitaba, proyectando sombras cálidas sobre las paredes.
Erick no dejaba de mirarla.
Como si aún no creyera que era real.
—Señora Blackwood… —murmuró con una sonrisa baja.
Amelia rió suavemente.
—Suena extraño.
—Suena perfecto.
La giró con delicadeza y la acercó de nuevo a su pecho. Su mano se deslizó lentamente hacia su vientre, deteniéndose allí.
Su expresión cambió, se volvió más profunda, más dulce.
Se incli